Regular por ciencia, no por procesamiento: el llamado de la industria de alimentos y bebidas de Latinoamérica
La Alianza Latinoamericana de Asociaciones de la Industria de Alimentos y Bebidas (ALAIAB) advierte que el concepto de “ultraprocesado” presenta limitaciones metodológicas que lo hacen inadecuado como criterio para orientar decisiones de salud pública
La industria en la región demuestra con resultados que la innovación y la reformulación son herramientas potentes para mejorar la nutrición
Latinoamérica, agosto de 2026 — En el marco del debate regional sobre las políticas públicas de alimentos y bebidas, la Alianza Latinoamericana de Asociaciones de la Industria de Alimentos y Bebidas (ALAIAB) plantea una interrogante sobre el futuro de la salud pública en la región: ¿es científicamente válido regular los alimentos y bebidas basándose exclusivamente en su grado de procesamiento?
Para la organización, evaluar lo que el alimento aporta a la dieta resulta más útil que atender únicamente a las etapas técnicas de su elaboración, ya que la composición nutricional —y no el grado de procesamiento— es un criterio objetivo y medible de su impacto en la salud. De hecho, el término “ultraprocesado”, derivado de la clasificación NOVA, presenta limitaciones técnicas y metodológicas que comprometen su utilidad para orientar decisiones eficaces en beneficio de la salud pública.
Marcela Rodríguez, directora de Asuntos Científicos y Regulatorios de ALAIAB, afirma que: “Lo relevante en un alimento o bebida es su composición, no el número de etapas industriales que atravesó. Una regulación robusta para Latinoamérica debe alejarse de simplismos y basarse en criterios científicos medibles: el perfil nutricional, la densidad nutricional, el tamaño de la porción y la biodisponibilidad de nutrientes”.
Asimismo, esto genera una heterogeneidad donde productos alimenticios con perfiles nutricionales y funciones dietéticas muy diferentes terminan bajo una misma etiqueta, enviando mensajes confusos al consumidor. A partir de una perspectiva técnica, el concepto “ultraprocesado” carece de criterios objetivos y universalmente aceptados, así como de evidencia científica concluyente que respalde su uso como criterio regulatorio. Además, no ha sido adoptado a nivel global por organismos de normalización como el Codex Alimentarius.
Bajo una lógica de mejora continua, la industria ha demostrado con reformulación e innovación que es parte de la solución, reduciendo de forma sostenida azúcares, sodio y calorías en su portafolio, sin comprometer la calidad. En bebidas no alcohólicas, por ejemplo, entre 2000 y 2020 el azúcar y las calorías se redujeron un 18,6% y un 15,4% respectivamente en Latinoamérica y el Caribe. En el segmento de alimentos, la reformulación ha permitido reducir sodio y grasas e incorporar fibra, prebióticos y programas de fortificación en numerosas categorías en toda la región.
La organización subraya, además, que mejorar la nutrición de la población no depende de un único factor: la reformulación y la innovación deben acompañarse de la promoción de hábitos de vida saludables, incluyendo la educación nutricional, la actividad física regular y una alimentación equilibrada. Solo un abordaje integral permitirá lograr mejoras reales y sostenibles en la salud.
“No existen alimentos ‘buenos’ o ‘malos’ en sí mismos: todos pueden formar parte de una dieta equilibrada. Etiquetar alimentos por su grado de procesamiento simplifica en exceso un fenómeno complejo y confunde al consumidor”, concluye Rodríguez.
ALAIAB reitera que el desafío regional no es regular más, sino regular mejor, mediante políticas basadas en evidencia científica, criterios objetivos, análisis de riesgos y evaluación de resultados.

